TROCITOS DE MIEDO

y bandadas de carroñeros buitres
sobre el carnoso cáncer
del pétreo y pedregoso desierto.
Vuelan bramidos y sollozos,
vendiéndole el alma al almirante anticristo,
devorando el nítido aire y transformándolo
en volátiles trocitos de miedo.
Vuelve a vibrar la negra bruma
y a virar hacia el perdido horizonte
en busca de un burlón alarido de negras
y escalofriantes bromas de pésimo gusto.
Bala el cordero y borra el silencio,
revuelve el vástago del recuerdo y le basta
con repetirse cada mañana que debe comer para no morir.
Va y bota de su mente esa balada de amor,
derrochadora de pasión sobre sus venas
y vence la barrera de su embalsamado cuerpo de bestia
con lindos versos y un dulce beso por doquier.
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